
Cuando afrontamos una obra de mediana o gran envergadura, es cauteloso reflexionar sobre un análisis previo del texto para unificar algún tipo de significado o coherencia en el discurso. El análisis es el elevador de visión y la contemplación de la propia construcción en un plano visual que se aleja de la realidad cronológica o temporal de la reproducción interpretativa, lo cual nos permite la prerrogativa para una planificación estratégica más virtuosa.
En la música, como en cualquier otro lenguaje o idioma se halla una sintaxis, una retórica, se plantean preguntas y respuestas, nacen y mueren ideas o fragmentos configurando un discurso melódico, armónico y rítmico.
Una de las claves para desarrollar con éxito una interpretación de alto nivel es la evocación del canto, siempre como primer objetivo de perspectiva. Para ello es esencial la búsqueda de la melodía en cualquier fracción de la obra sin desestimar absolutamente ninguna conexión. A partir de aquí, surgen las primeras cuestiones sobre la relevancia de los materiales y sus contrastes, por lo tanto, comienza el momento de tomar decisiones. El intérprete ejerce de director para elegir a sus protagonistas y actores secundarios, dado que no sería correcto focalizar del mismo modo todas las notas de una partitura.
Entre los objetivos fundamentales en esta cuestión es la simplificación dentro de un contexto saturado de información, del cual el espectador es ajeno. Dejemos de lado los disparates y abusos acrobáticos que tanta admiración despierta en la mayoría del público. Lo que deliberamos con un análisis profundo es la precisión de un mensaje para captar la atención de un oyente y no la de solo un observador.
Para la realización de una síntesis no hay mejor elemento de búsqueda que la ya citada melodía, frecuentemente hallada en la conducción de voces superiores e inferiores (extremas) y que sirven como guías para definir más claramente las frases y los complementos melódicos.
Uno de los parámetros que más llaman la atención a primera vista son los símbolos de articulación y dinámica, los cuales son utilizados de forma incorrecta por un alto porcentaje de músicos. La simbología de articulación y dinámica no es meramente una simbología decorativa (aunque podríamos considerarla así en ciertos estilos), sino que ya está determinada estratégicamente por una direccionalidad armónica funcional. Sería ilógico y un despropósito pensar que toda la obra de J. S. Bach (ausente de simbología de articulación y dinámica en su mayoría) se ejecutase en non legato o legato.
En mi razonamiento concibo dos niveles notoriamente diferenciables en una obra musical, pero a su vez naturalmente inseparables como ente que son conjuntamente:
- Nivel de profundidad, en el cual abarcamos toda la esencia del argumento; conexiones de tensión y distensión, que básicamente es el foco para ya poder decidir posibles tácticas en la interpretación.
- Nivel de superficie, el que a simple vista se ve y el único nivel existente para los exhibicionistas, en él podemos observar todo el texto gráfico visual. Un estudio exclusivo de este nivel no nos llevará más allá de lo que es una versión estándar, que es precisamente lo que intento evitar en la reflexión de este artículo.
A estos dos niveles le podríamos añadir un aliciente muy significativo, que es el nivel inmaterial o el alma. Toda obra de arte nace de un mundo imaginario que desemboca en infinitas sensaciones y recuerdos, cuyos propósitos pueden albergar también reivindicaciones filosóficas, espirituales, ideológicas y religiosas. Sin duda, este es el punto más subjetivo de la interpretación por su complejidad sensitiva.
Un buen aprendizaje requiere de una óptima observación; de ella nos servimos para recapacitar cada movimiento, cada detalle, cada intervalo y articulación. Consideremos que notas se conocen y cuáles no, calculemos unas dinámicas de tensión acordes a la función de cada progresión con la pulcritud necesaria y no olvidemos lo más importante por encima de todo, escuchar. Nota que no escuchamos, nota que no existe. Pero la percepción de esas notas es lo realmente interesante, porque como intérpretes nos corresponde escucharlas por lo que son y no por lo que parecen.


