
¿Nos escuchamos lo suficiente? Nunca es suficiente. Podría decir, ¡Estudia a cámara lenta! ¿realmente sirve? Pues no queda más remedio que reducir la velocidad si deseamos reaccionar a todos los detalles posibles y cambios que va a demandar la obra. Escuchar sin olvidar diseccionar elementos secundarios, esos elementos que camuflan las melodías y la estructura armónica. Mi primer consejo, no nos dejemos llevar por la primera impresión, nuestros sentidos nos engañan. Solo mediante la insistente observación se puede llegar al verdadero mensaje; un reto complicado para un mundo, el de hoy, tan superficial y acrobático, tan simple e ilógico. El problema radica en la falta de interés, o lo que es lo mismo, la ley del mínimo esfuerzo. Pero el maestro no se puede permitir dejar seducir por estas tendencias, la obligación del maestro es hacer pensar al aprendiz.
Pensar es crear, reflexionar, considerar… necesitaremos una gran cantidad de estímulo filosófico, creativo y de juicio; pues muchas maneras de hacer las cosas nos darán la oportunidad de poder decidir y crear varias versiones de nuestra interpretación, tal como era capaz de hacer el pianista canadiense Glenn Gould o lo que hoy día pueden ofrecer pianistas carismáticos como Cyprien Katsaris o Arcadi Volodos. Ejemplos dignos de seguir por su servicio a la música desde un punto de vista tan artístico, sincero y espontáneo gracias también a su dominio improvisatorio. En cuanto al sonido de cada uno de ellos, ¿qué les hace tan especiales? Desde luego, su mecánica no lo es (indudablemente perfecta). En mi opinión, lo que les hace únicos es la percepción. Una percepción por supuesto, pulida y consolidada en la más profunda retórica musical; la manera de escuchar y entender el sonido se va transformando con el tiempo y con la propia exigencia del músico.
En los últimos años, que son los que forjan mi experiencia como docente, me han llevado a entender que la verdadera naturaleza de la música no es diferente a la del curso de la vida; continuamente observamos el fenómeno causa y efecto por doquier. Si nos paramos a pensar lo que ocurre dentro del universo musical, podemos encontrar grandes similitudes con respecto al comportamiento de las leyes de la física. Me explico, ¿no es evidente que contamos con acordes con más tensión que otros? Sí, y constantemente es así. Esa tensión requiere de nuestra energía e inteligencia auditiva; la primera para generarla y la segunda para resolverla. Por lo tanto, la música no es estática, la música se mueve continuamente hacia puntos de tensión que naturalmente reposan en consecuencia; después de la tormenta siempre llega la calma.
Nuestra energía define el resultado de la interpretación: a mayor impulso, más energía; a menor impulso, menos energía. El intérprete decide cómo dosificar toda esa tensión a través de su voluntad e intelecto, pues lo ideal es que coexista también una coherencia en el discurso que desarrollamos en la interpretación. ¿Cómo generamos esa energía? Fijémonos en el arte dramático, el claro ejemplo de la interpretación más espontánea; los actores lloran en pasajes dolorosos y sonríen en pasajes de alegría, eso es la energía ¡Y esto somos los músicos!, a mi juicio, meros actores que sienten, tallan y modulan el sonido hasta convertirlo en un lenguaje vivo repleto de emociones.
Si algo capta la atención de las personas y las mueve del asiento, es sin duda la incertidumbre que provoca la tensión y el placer que produce como consecuencia la relajación, dos polos opuestos inevitables que conforman un relieve en la perspectiva de la interpretación musical. Aparentemente este concepto puede parecer muy simple desde un punto de vista estrictamente teórico, pero, esta polarización supone una reflexión que va más allá de un concepto esquemático, pues se requiere de experiencia y un alto nivel de involucración; no es lo mismo contar un drama que vivir un drama. El compromiso une al intérprete con el sonido a través de la materia (el instrumento): si la música sube, subes con ella; si la música baja, bajas con ella.
El fenómeno tensión-relajación en la música es absolutamente vital para entender lo que ocurre en una melodía, una frase o una progresión armónica; nos dará enfoque. Cada una de estas secciones abarcará puntos de tensión y dependiendo de su tamaño, se darán puntos con más o menos energía; en el cielo nocturno observamos estrellas con más o menos luminosidad. Esta perspectiva nos muestra el camino a seguir en la construcción del sonido desde el comienzo de una frase y hasta el final de ella, constituyendo un nacimiento, un climax y un decaimiento del material en cada contexto. Este concepto no solo se queda aislado en puntos concretos (acordes), sino a la propia actividad en la conexión de las notas, esta conexión también requiere de energía para redireccionarlas en un espacio-tiempo (pasado, presente y futuro); los acordes bien podrían ser los pilares que sostienen toda esa red neuronal. La interacción debe ser total, pues lo que intentamos hacer es darle vida al texto musical, y no solo con esto es suficiente, también será determinante el gusto y el refinamiento del músico para un resultado estético de calidad.

